Un mercado de obras culturales,
con personas detrás.
Un espacio de cultura y de conocimiento donde cabe lo que alguien decidió crear: unos apuntes de universidad, un manual de oficio, una novela, un cuento, una canción. Obras que todavía no han encontrado su destino — a quien las lea, las estudie o las escuche. Detrás de cada una hay alguien con nombre y con historia.
Y es un espacio de confianza, que es lo más difícil de construir y lo primero que se pierde. Quien crea publica, pone su precio y se queda con el 80%. Quien busca prueba antes de pagar: las primeras páginas de un libro se leen gratis, y de una canción se escucha un pedazo. Decides con la obra delante, no con una promesa.
Somurra tiene tres salas: una de lo que se lee —novelas, cuentos, apuntes, manuales—, otra de lo que suena, donde un músico sube su pieza y la vende igual que un autor vende su libro, sin sello de por medio, y otra de lo que se ve: cuadros, esculturas y fotografías, cada una única, que te manda quien la hizo.
Lo demás es descubrir. Aquí no manda un algoritmo que te enseña lo que ya te gusta: hay puertas para entrar sin saber qué se busca.
Qué puedes hacer aquí
Y si algo que leíste te movió algo: puedes seguir a quien lo escribió para enterarte de lo que publique, y escribirle — le llega a su bandeja y te puede responder.
De dónde salió la idea

El 10 de agosto de 2026, un terremoto sacudió a Colombia y dejó a mucha gente sin saber qué venía después.
Yo era uno de ellos: sin negocio, sin emprendimiento y sin un plan a la mano.
Lo que vi alrededor fue a todo el mundo rebuscándosela. Vendiendo arroz con leche, almuerzos, decoración para fiestas… cada quien sacando algo de donde pudiera.
Yo le daba vueltas a qué hacer, porque lo único que tenía no se podía vender en una esquina: apuntes, guías, cosas que había escrito y que llevaban tiempo guardadas en una carpeta, sin hacerle bien a nadie.
Vi que había gente subiendo sus documentos a plataformas que ya existían y pensé que ahí estaba mi respuesta.
Lo intenté.
Y me encontré con una pared detrás de otra.
Todo en inglés: la plataforma, las instrucciones, el proceso entero.
La pasarela de pago era otro enredo: averiguar cómo iba a llegarme la plata a mi cuenta, aquí, en pesos.
Y entonces llegó lo que terminó de convencerme.
Subí un estudio sobre la marihuana y me lo bloquearon por «productos psicoactivos».
Era un trabajo académico.
Y la decisión no la tomó nadie que lo hubiera leído.
No sabía ni por dónde empezar.
Entonces pensé:
¿Por qué no hacer el lugar que resuelva todo esto?
Así nació Somurra.
Un sitio donde lo que alguien hizo —unos apuntes de universidad, el manual de su oficio, una novela que nadie ha leído— pueda llegar a su destino y dejarle algo a quien lo hizo.
La música llegó después.
Un músico que sube su canción se topa con algo parecido a lo que me pasó a mí: alguien más decide qué se puede publicar, cuánto vale y cuándo le pagan.
De ahí salió Ocarina, la sección de música, con la misma regla que el resto: quien la hizo la vende y se queda con el 80%.
Y después de Ocarina llegó la sala que faltaba, la de las obras que se ven:
Artermia.
Pero esa ya es otra historia.
Somurra se construyó con la ayuda de César, mi hermano.
Y con Claude, la inteligencia artificial de Anthropic. Con su ayuda creé Somurra de punta a punta: los diseños, el motor de juegos Sombit y todo el sistema que lo mueve, desde los pagos hasta las salas en vivo.
Yo ponía la idea y la última palabra; Claude me ayudaba a convertirla en algo real.
Hacia dónde va
Soy de Colombia, así que Somurra empieza aquí: que publicar sea una opción real para quien escribe o compone en el país, y que quien busca algo bueno para estudiar, para leer o para escuchar sepa que aquí lo encuentra.
Pero la idea no es quedarse. Lo que se construyó para resolver un problema de aquí —que los pagos funcionen, que nadie te bloquee un documento académico por el tema del que trata, que publicar no exija aprender a usar una herramienta— le sirve igual a cualquiera que escriba o componga en español.
Es un proyecto joven y se nota: hay cosas a medio hacer y otras que van a cambiar. Lo que no va a cambiar es el reparto —80% para quien escribe— ni que se pueda leer un pedazo antes de pagar.
¿Llegaste hasta aquí?
Deja tu huella. Es sólo decir que estuviste.
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Cómo funciona
- 1Alguien publica lo que hizoUn cuento, una novela, unos apuntes de clase, un manual de su oficio — o un álbum de música. Sube el archivo, escribe de qué se trata, le pone precio (desde $ 20.000) y elige cuánto se prueba gratis: cuántas páginas se leen, o el pedazo de cada canción que suena.
- 2Cualquiera lo prueba, sin pagar ni registrarseHasta diez páginas, las que el autor decidió, o un pedazo de cada canción del álbum. Se lee el texto de verdad y suena la música de verdad, no un resumen ni una descripción: si no convence, no se compra y no ha costado nada.
- 3Quien lo quiere, lo compra y se lo llevaPago único. La obra queda en la biblioteca del comprador con licencia de 3 años, con descarga cuando quiera — y si es música, además se queda sonando ahí. Lo que compra es el derecho a usarla, no la obra: los derechos siguen siendo de quien la hizo. Al autor se le abona el 80% en el mismo momento.
Las cuentas, claras
De cada venta se descuenta primero lo que cobra el banco por procesar el pago. De lo que queda, 80% va a quien escribió y 20% se queda Somurra.
Ese costo de procesamiento no lo pone Somurra: es lo que cobra la pasarela por mover el dinero, y cambia según el comprador pague con tarjeta, PSE o Nequi. Aparece en tu taller venta por venta, para que puedas ver de dónde salió cada peso.
El 20% paga el alojamiento, la revisión de cada obra y el trabajo de que esto siga en pie. No hay cuota mensual, ni comisión por publicar, ni costo por dejar de hacerlo. Si no vendes, no pagas nada.
El saldo de cada creador se lleva en un registro de movimientos: cada venta deja su línea, y esa cuenta es la que manda a la hora de pagar.
Si vas a comprar
Las primeras páginas están abiertas para todos. Nadie compra a ciegas en Somurra.
Ninguna obra se publica sola: se revisa antes de que aparezca en el catálogo.
Cada obra declara cómo se hizo —a mano, con apoyo de IA o generada— y se ve junto al botón de comprar, antes de pagar.
El cobro lo procesa Wompi. Somurra no ve ni guarda los datos de tu tarjeta.
Cuando terminas de leer algo que compraste puedes decir qué te dejó: te hizo pensar, aprendiste algo, te encantó. Sólo deja huella quien compró — así lo que ves de una obra viene de gente que de verdad la leyó, no de quien pasó por encima del título.
Si vas a publicar
El documento completo vive en un almacén privado. Ni siquiera existe un enlace público a él: quien compra recibe una dirección firmada que caduca en 60 segundos.
De una a diez páginas. Ni una más: el resto queda cerrado hasta que alguien pague.
Desde $ 20.000. Nadie te dice cuánto vale lo que hiciste.
Publicar en Somurra no cede los derechos de nada. Puedes retirar tu obra cuando quieras.
¿Preguntas? Detrás de esto hay personas
Si algo no te cuadra —una compra, una obra que no debería estar aquí, una idea— escríbenos y te respondemos.
Cali, Colombiasomurrapp@gmail.com
¿Tienes algo escrito guardado en una carpeta?
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